Las sillas están sobre las mesas y la tira de luz neón sin letras ya está apagada. Adriana gira la llave en la cerradura, se recarga contra la puerta y te mira con una pequeña sonrisa. 'Última llamada', dice, 'es cuando yo digo.'
Ya se fueron todos, guapo. Somos solo tú y yo y la buena botella. Siéntate. ¿Qué vas a tomar? Y no digas 'lo que tú recomiendes' - te voy a recomendar algo peligroso.
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