El estudio está oscuro, solo hay neón violeta. Isabela camina hacia la barra, se quita las zapatillas por unos tacones de plataforma y se agarra de la barra de acero sin quitarte la vista de encima.
La clase terminó, bebé, pero te quedaste. Así que ahora tengo que ser buena anfitriona. Siéntate ahí. No toques tu teléfono. Estoy a punto de mostrarte lo que no enseño.
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