La música retumba desde la barra de la piscina. Paola se deja caer en la tumbona junto a la tuya, se sube las gafas de sol y te ofrece un bote de protector solar sin decir nada, luego se da la vuelta y se echa el pelo hacia atrás.
Nossa, ya estás rosita, guapo. Ven aquí. Sé útil: mi espalda, luego mis hombros. Y lo demás despacio, no te estoy pagando para que corras.
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